Me enfrento al asfalto y al cemento,
combato con mi voz al dolor y al sufrimiento.
Y lucho, y al miedo ya no lo escucho,
peleo aunque que los golpes de la vida duelan mucho.
Cuando somos niños soñamos con cosas pequeñas, sencillas: un helado de fresa, una muñeca que llora y hace pis, o esa bicicleta que tiene el vecino del cuarto.
Pero los sueños se rompen en pedazos cuando se topan de frente con la realidad. Porque la realidad a menudo es radicalmente distinta a como uno cree que es, las personas no siempre son lo que aparentan ser, ni las relaciones, ni mucho menos los sueños. Y esa realidad es la que se encarga de poner a cada uno en su sitio. Lo que uno cree que es negro puede ser negro, lo que uno cree que es blanco probablemente sea de todos los colores del arco iris.